¿Hay que pagar a la SGAE por poner la radio en un negocio?

Un peluquero de L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona) tendrá que firmar un contrato y pagar por poner la radio mientras trabaja. Su caso se ha convertido en noticia, pero no es inusual. Comercios y bares reciben habitualmente la visita de los inspectores de la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores), la principal entidad de las que en España gestionan el cobro de los derechos de autor de artistas, por el uso de sus obras. ¿Están obligados los negocios abiertos al público a pagar derechos de autor por encender la radio?

En el caso del peluquero Esteban Criado González, el interventor le advirtió que si no pasaba por caja tendría que afrontar “acciones legales”. Según le explicó, para poner música de la radio en su comercio tenía que firmar un contrato y abonar una cuota mensual de entre 6 y 12 euros. «¿Cómo voy a pagar si la gente viene a cortarse el pelo y no a oír música?», respondió el peluquero, quien dio a conocer su situación en una carta al director enviada a El Periódico de Catalunya.

Criado se queja de que le hagan abonar derechos de autor, aunque su negocio es la tijera, no la música. Si su local fuera una discoteca, resultaría evidente que las canciones son una de las materias primas esenciales con las que gana dinero. En ese supuesto, la tarifa a abonar a la SGAE se determinaría por una fórmula matemática en la que se tiene en cuenta la superficie del local, el precio de la entrada y los días que abre, entre otros factores. Como mínimo, pagaría 132,46€ al mes.

Pero quejarse no significa tener la razón, que en este caso la determina la Ley de Propiedad Intelectual. Cuando se reproducen en público obras musicales cuyos derechos están representados por una entidad de gestión como la SGAE, el responsable de la difusión debe abonar una tarifa. El importe depende del uso que se le da a esa música: si forma parte esencial del negocio (como en el caso de una discoteca) o sólo accesorio (por ejemplo, para ambientar una tienda).

El listado de la SGAE es exhaustivo: desde hospitales hasta mítines políticos, megafonía de estaciones de trenes, hilos telefónicos, fiestas (especificando si se trata de una fiesta de fin de año, una boda, un desfile de Moros y Cristianos, una corrida de toros, un espectáculo de fuegos artificiales…). Parece que nada ha quedado fuera de su control. Están previstas todas las situaciones que implicarán el uso de la música públicamente, en cualquier evento o negocio, incluso cuando es sin ánimo de lucro.

Las peluquerías también están incluidas en la tarifa de la SGAE, claro. Concretamente bajo el epígrafe de “establecimientos comerciales y de servicios no incluidos en el sector de hostelería”. Esta tarifa indica que habrá que abonar 6,45€ cada mes, cuando la superficie bruta abierta al público sea de 50 m2 o menos. Eso incluye la reproducción de obras de autores representados por la SGAE, y sólo la música. A partir de ahí, la mensualidad se eleva hasta un máximo de 67,02€ en locales de hasta 2.000 m2, o 89,39€ si además de canciones, los clientes también pueden ver videoclips.

¿Por qué hay que pagar a la SGAE, incluso cuando el negocio no está relacionado con la música? Porque se considera que los clientes disfrutarán de esas canciones como una amenización mientras se encuentren en el local. Encender o apagar la radio no hará que uno salga de la peluquería de Criado con un mejor peinado, pero sí ayudará a que se haga más agradable nuestra estancia. Quizás el protagonista de la noticia sólo pretendía amenizar su tiempo en el trabajo, pero dado que no es posible seleccionar qué oídos escucharán el sonido que difunde el aparato de radio, debe entenderse que este está a disposición de los clientes, para su disfrute, como parte del servicio que obtienen. En este caso, lo que se les ofrece es un corte de pelo al son de melodías comerciales.

El peluquero de L’Hospitalet, asesorado por su mujer, ha decidido que suscribirá el contrato con la SGAE ysatisfará la tarifa que le corresponda, para no meterse “en líos”. Pero tenía varias alternativas:

- Sintonizar una emisora de radio que no programe música. Tiene muchas donde elegir: de noticias, religiosas, habladas… Y de países de todo el mundo.

- Reproducir música de autores que no estén representados por la SGAE. Cada vez más artistas permiten un acceso libre y gratuito a sus obras, por ejemplo estableciendo licencias Creative Commons.

- Usar un servicio de música con una licencia aparte de la SGAE. No es suficiente con reproducir obras protegidas con una licencia CC, ya que en muchas ocasiones estas no cubren el uso comercial. Por ejemplo,Jamendo está obteniendo una gran popularidad como proveedor de canales de audio para ambientar negocios.

- Difundir música creada por uno mismo. Si el peluquero de la noticia tiene la habilidad de componer canciones, podría grabarlas para así luego emitirlas en su local. En este caso, deberá evitar la tentación de hacerse socio de la SGAE para que represente sus derechos, o tendrá que contratar su negocio también, para que la SGAE le cobre y después le pague… ¡por la reproducción de sus propias canciones!

- Difundir música que nunca antes ha existido. Ya existen programas informáticos que permiten crear melodías automáticamente. Basta con elegir el género musical (clásica, latina, pop, de baile, jazz…) y pulsar un botón. El software generará una composición inédita que se alargará hasta el infinito. Con el aliciente de que los clientes contarán que mientras les cortaban el pelo, sonaba una música que no habían escuchado nunca antes.

- Usar auriculares. En ese caso, la radio no habría estado a disposición del público para su disfrute, sólo del trabajador.

Y si a pesar de todo, le parece que el cobro de la SGAE es un abuso, recuerde un último dato: ¡la SGAE también cobra a las emisoras por reproducir música!